sábado, 13 de diciembre de 2008

Juan josé Hidalgo: Yo amo el Servicio Público


Juan José Hidalgo:

"Yo amo el servicio público"


Mónica Rivera

Prisma



Juan José Hidalgo representa al común de los jóvenes a quienes el año 2006 marcó su vida estudiantil, es un joven con espíritu político, una corriente un tanto olvidada en Chile luego del Golpe de Estado de 1973, pero reinsentivada por los eventos políticos del año antepasado. La diferencia está en que ya no hablamos sólo de educación, estamos evocándonos a un proyecto país. Es la generación Revolucionaria Pingüina.


Desde los 8 años, Juan José, estudiante de 3ro medio del Liceo Abdón Cifuentes, comenzó a sentir que la política era lo suyo. “Desde 8vo básico estuve involucrado en los centros de alumno del salesiano, y primero y segundo medio fue presidente de ahí”. Pero su compenetración en la materia comenzó a raíz de la recordada Revolución Pingüina a los 14 años. Recuerda que “ahí partió todo muy fuerte con las asambleas y todas esas cosas, ahí empecé a meterme como colaborador de la Fundación Miguel Kast.”


Con respecto al haber sido Presidente del Liceo Salesiano, asegura que fue una “experiencia valórica increíble” en la que sin duda ganó algunas conexiones que le permiten hoy en día desempeñarse en el ambiente político, “tuve cercanía con diversos partidos políticos. […] como siempre fue de tendencia a la alianza obvio que tuve una muy buena llegada con la UDI y RN.”


Sin embargo, cuando Juan logró su máxima cercanía partidista, fue cuando logró reunirse con el equipo de jovenesxchile. En un grupo no mayor a 20 personas organizan seminarios, comidas, etc. que tienen como fin la mejoría del país. Su misión, en este caso, va a ser “un seminario que se llama Libertad en la Casona Las Condes de la UNAB y estoy como organizador junto a Matías Osses de ver los trabajos de verano.”



Las actividades relacionadas con un chico de 17 salen de lo común al tratarse de él, pero sí demuestra el fiel interés de prácticamente dos generaciones completas que desearon tener una ley de educación mejor y por qué no, a raíz de toda la revolución de los pingüinos.


Hoy Juan José se encuentra organizando una reunión coordinadora para ver a pauta general de diputados y senadores que lograron un acuerdo. Lo que realmente le preocupa es la votación del segmento joven. A pesar de que sistemáticamente disminuía, en los últimos años y coincidentemente con el mismo fenómeno que veíamos anteriormente, el de 2006, la cifra comenzó a transformarse en una vertiginosa curva positiva. “La idea en si es empezar a generar convicción en los jóvenes para inscribirse en los registros, y poder ganar votación a partir de ahí también.”


Como buen chico perteneciente a la generación del movimiento, Juan José Hidalgo tiene un muy buen panorama de lo que desea sea su vida: “terminar el colegio, entrar a la universidad a estudiar no sé si derecho o ciencias políticas y luego sacar un magister en ciencias, y seguir dedicándome a lo que más amo en la vida el servicio público. Yo servicio público.”


En el aspecto más personal, existen muchas diferencias de gusto político entre la gente que lo rodea, mientras Juan es un fiel militante de la Alianza por Chile, su “mamá es izquierda […] mi papá es de derecha.” Este joven dice estar profundamente enamorado y, aunque su pareja comparte su ideología política, él dice que “en mi experiencia de vida el amor y al política si son compatibles cuando tienes a tu lado una persona que de verdad te ama. […]Van de la mano, en algunos aspectos, pero depende so lo de ti si son o no compatibles, en ordenar tus tiempos con tu pareja y tu familia y en saber manejarlos.”


Al consultarle en qué podríamos verlo en algunos años más, la respuesta esperada sería algo con lo cual ganara dinero al ejercer una profesión rentable. El señor Hidalgo, no. Piensa ser “concejal si dios así lo quiere. Ya egresado de una carrera y comenzando si se puede e magister, pero concejal y una carrera o con algún cargo directivo dentro de mi partido o con alguna persona.”


Sin lugar a dudas, Juan José Hidalgo sale del común prototipo de jóvenes que se esperaría tener frente a uno en el Paseo Ahumada. Un joven al que le encantaría casarse a los 27 o 29 años, tener 3 hijos, adoptar un bebé, que cree en Dios y cumplir los preceptos católicos.


Son un abismo recóndito o tal vez una nueva moda. Estos jóvenes que creyeron alguna vez que la unión hacía la fuerza, hoy vuelven más que como una masa protestante, vuelven como seres generacionales, poderosísimos. Una generación perdida en el tiempo que piensa fielmente que es posible marchar sin transar y ver la luz de un sistema de gobierno justo, quizás.


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