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jueves, 11 de diciembre de 2008

En busca de nuevas oportunidades



Inmigrantes en Chile
En busca de nuevas oportunidades

Katherina Egaña

Prisma


Con el paso de los años Chile ha experimentado un incremento en su número de inmigrantes. Según el Censo del 2002 el número de inmigrantes en Chile era de 200.000 personas, el 1.2% de la población total. Pero esta cifra significaba un aumento del 75% desde el Censo de 1992. Dejan a sus familias para iniciar una nueva vida en un lugar totalmente ajeno a su país natal. Pero, ¿cuál es el motivo que los trae a Chile?, ¿por qué deciden quedarse?, ¿es verdad que en Chile se quiere al amigo cuando es forastero?



Diversos factores son los que motivan a extranjeros a venir a Chile, sobretodo a personas provenientes de países vecinos como Perú, Bolivia, Argentina y Ecuador. En la última década se destaca el desarrollo económico y la estabilidad política y social que ha caracterizado al país ante el resto de Latinoamérica. Estas son algunas de las razones que motivan a inmigrantes a venirse al país con la esperanza de encontrar una mejor vida.


Sólo por sueños o desesperación, el punto es que muchas veces no encuentran lo que esperan. A veces la xenofobia y la discriminación ponen obstáculos a quienes se deben quedar por necesidad, para ayudar a sus familias en un país ajeno o simplemente para subsistir.

No obstante, a pesar del aumento de inmigraciones, en Chile aún no se cuenta con una política pública clara con respecto a este tema. Si bien existen leyes y decretos encargados de regular la entrada y salida del país, no hay nada que defienda a los extranjeros frente a abusos, explotación y negación de sus derechos.


La mayor cantidad de extranjeros en Chile son provenientes de Perú, a pesar de que peruanos y bolivianos son las personas más discriminadas en el país. Se les pasa a llevar, se les discrimina y se les culpa de la alta cesantía en Chile. Laura Olguín Campoverde es una joven de 22 años que se vino hace cinco de Perú, afirma que ha sufrido la discriminación muchas veces, sólo por el hecho de ser peruana. “Sí, he tenido problemas en Chile, uno de ellos es el racismo, además tengo que pagar todos los meses para estar en el país sólo por ser peruana, no se por qué pasa eso sólo en Chile, con extranjeros que he conversado no pasa lo mismo y creo que debería haber un trato igual para todos los países”. Pese a todo se queda en Chile ya que debe ayudar a su familia que dejó en Perú, “debo aguantar nomás porque tengo que enviar dinero a mi familia, es lo único que me mantiene aquí”.

Sin embargo, Alexander Díaz Corales, quien se vino de Republica Dominicana hace dos años, no opina lo mismo. Para él, los problemas que tiene Chile son sólo la delincuencia y el smog de Santiago, también afirma no haber sufrido discriminación por ser extranjero nunca, en el tiempo que lleva dentro del país. “Me gusta el trato que le dan en Chile a los extranjeros, la recepción de los chilenos ha sido muy buena. Nunca he tenido problemas por ser de otro país, ni siquiera con el tema legal”.


Lo cierto es que la mayoría de los inmigrantes que habitan en Chile se quedan porque a pesar de sus deficiencias y los problemas que puedan tener aquí, encuentran una situación mejor a la que tenían antes en su país natal.


Constanza Galves es colombiana y lleva seis años en Chile. Se vino por la cantidad de conflictos que tenía su país y por que para ella era un lugar peligroso para vivir. “Decidí quedarme porque aquí hay más trabajo, es un país organizado, porque es uno de los mejores de Latinoamérica y hay más tranquilidad para criar a mis hijos”. Constanza es dueña de una línea de cremas de caracol y en Chile ha logrado consolidarse como microempresaria junto a su familia.


Chun Yang Ye también es un empresario que en Chile ha encontrado el éxito. Viene de China y es dueño de una importadora en Estación Central. Dice no haber tenido conflictos en Chile de discriminación y que los ladrones han sido su único problema en este país.

Las diferencias en el trato a extranjeros, dependiendo del país del que provengan es evidente. Mientras a los argentinos se les integra, a los peruanos se les discrimina. Esto se debe, entre otros factores a temas laborales, como el hecho de que desde Argentina vengan principalmente profesionales y técnicos, y desde Perú, mano de obra.

A pesar de todo, la inmigración de extranjeros a Chile provoca una mayor diversidad cultural y nos permite conocer realidades ajenas, externas a lo que diariamente se vive en el país. Cabe destacar que el hecho de que estos inmigrantes se queden por largos periodos en Chile significa que este no es un país tan malo como se piensa y que para muchos llega a ser mejor que su país natal.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El señor del pan amasado





El Señor del Pan amasado

Sergio, con su cotona, gorro blanco y una nueva propuesta, busca en una esquina un nuevo rumbo laboral.

Javier Chamorro

Prisma


“Pancito amasado a cien” es lo que escuchan día a día miles de automovilistas que cruzan por la intersección entre avenida José Pedro Alessandri y Grecia. Allí es donde Sergio Calfulaf Rubilar decidió instalarse a vender sus mercancías.





Un hombre que trabajó dieciocho años en un restaurante Chino, frente al estadio nacional, se cansó de su empleo anónimo como cocinero y decidió salir a las calles. “Tener más contacto con la gente es lo que me gusta, además allá no se veían minas” dice Sergio, con una sonrisa en el rostro.






Con esa misma sonrisa se apresura a atender a sus clientes. Aprovechando el tiempo que le da la luz roja del semáforo, Sergio tiene una alta demanda. “La gente me conoce. Ya tengo mi clientela y de ella dependo” habla, mientras le vende dos bolsas de pan a un automovilista.





Y es que las ventas le favorecen, puesto que con su actitud ganadora y el producto que escogió para vender, hacen una muy buena mezcla económica. Sergio cuenta que vende quinientos panes a cien pesos por día, pero lamentablemente su sueldo es por comisión, por lo cual gana solamente 12.000 pesos. De igual forma no se desanima y nos dice que hace otros trabajos para apalear la falta de fondos, desde hacer wantanes (que sabe hacer por su antiguo trabajo), a ayudar en una tienda.





Aunque tenga que trabajar tanto para ganar algo de dinero, José, o el chino como le decían en su antiguo trabajo, no pierde la sonrisa ni la motivación en ningún momento. “Si estos panes los hiciera yo, ganaría como 42.000 pesos en ves de los 12.000 que gano por vender los 500”, bromea.





Por desgracia no le alcanzan los fondos para hacer él la mercancía. De hecho, vende los panes que no se vendieron durante el día. “Me han reclamado por la calidad del pan, igual no puedo ver siempre que la mercancía esté en buenas condiciones” plantea algo molesto.




Pero esos pequeños percances parecen olvidarse cuando desempeña su trabajo. Aunque acarrea con dos hijos, Jesús de 10 años y Constanza de 4 años, se muestra siempre amigable y muy activo con lo que hace. Al parecer el cambio de ambiente y el contacto con la gente lo motivan para seguir con su labor.




Y dentro de sus planes, solamente tiene en mente vender más panes por día y poner una señal que lo identifique. “El señor del pan amasado de Paine le pondría, con un letrero en el semáforo” reflexiona dichoso.




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