Latas de cerveza, un largo camino

Las latas de cerveza, luego de ser disfrutadas por sus adherentes, siguen un largo camino, que las lleva al reciclaje y de vuelta al círculo. Llenadas, llevadas a las botillerías para ser vendidas, compradas, vaciadas en las bocas de quienes las compran en alguna reunión social, botadas a la basura, recogidas por los recolectores de latas, vendidas a algún local de compra-venta de latas, vendidas a la fundición, recicladas, en fin, las latas pasan por muchas manos, por muchos caminos.
Katherina Egaña
Prisma
Se compone básicamente por cebada malteada, puntas de arroz, lúpulo y levadura, la cerveza, que es infaltable en todo tipo de reuniones sociales.
En Chile, esta bebida llegó en 1830, cuando en Valparaíso se instaló la primera planta por el irlandés Andrés Blest. Actualmente se estima que en Chile se bebe más de 30 litros por habitante, cifra que va en aumento.
Según Abraham Maslow las personas que beben son motivadas por cinco necesidades primordiales. Estas son: necesidades de autorrealización, de estimulación o autoestima, de aceptación o sociales, de seguridad y necesidades fisiológicas. Sin embargo la que más caracteriza a los bebedores de cerveza es la necesidad de aceptación, ya que con este producto, al igual que con los cigarros o cosméticos, el consumidor busca sentirse identificado con los demás y utiliza como medio este producto. Esta necesidad se expresa mayoritariamente en los jóvenes.
El placer de beber: la mejor etapa
Luis Ramírez, de 29 años, afirma que comenzó a tomar a los quince años y lo hace porque le gusta. “Tomo en mi casa, en casas de amigos, en bares también. Lo hago casi todos los días, en realidad creo que tomo todos los días a excepción del domingo”. Además sostiene no importarle las consecuencias que pueda traerle, “conozco las consecuencias y no me interesa, hago lo que quiero conmigo”.
Luis Silva comenzó a tomar cerveza hace 5 años. A sus 23, dice que sólo lo hace por aumentar la diversión y pasar un momento agradable. “Normalmente tomo en carretes o fiestas y sólo los fines de semana”.
Luis Silva comenzó a tomar cerveza hace 5 años. A sus 23, dice que sólo lo hace por aumentar la diversión y pasar un momento agradable. “Normalmente tomo en carretes o fiestas y sólo los fines de semana”.
Al contrario de Luis, Avaro Villalobos afirma que “las chelas son para tomárselas en la semana, yo dejo las latas para la semana”. Comenzó a tomar a muy temprana edad, pero ya con 21 años dice haber tomado conciencia de sus consecuencias, “tomé conciencia que estaba tomando harto cuando me borré la primera vez, eso fue como a los catorce años”.
Hernán Araya asegura no acordarse de cuándo comenzó a tomar, pero que fue como a los 15. Las consecuencias inmediatas las conoce, “al otro día se siente dolor de cabeza”. Sin embargo ya conoce sus límites “en verdad, cuando estoy tomando y ya me encuentro un poco mal, paro, o sea ya se cual es mi tope”.
Hernán Araya asegura no acordarse de cuándo comenzó a tomar, pero que fue como a los 15. Las consecuencias inmediatas las conoce, “al otro día se siente dolor de cabeza”. Sin embargo ya conoce sus límites “en verdad, cuando estoy tomando y ya me encuentro un poco mal, paro, o sea ya se cual es mi tope”.
Pero las latas de cerveza, luego de ser disfrutadas por sus adherentes, siguen un largo camino, que las lleva al reciclaje y de vuelta al círculo. Llenadas, llevadas a las botillerías para ser vendidas, compradas, vaciadas en las bocas de quienes las compran en alguna reunión social, botadas a la basura, recogidas por los recolectores de latas, vendidas a algún local de compra-venta de latas, vendidas a la fundición, recicladas, en fin, las latas pasan por muchas manos, por muchos caminos.
Compra-venta de latas: la penúltima etapa
Sergio Mondaca trabaja en este rubro hace mucho tiempo, pero comprando latas hace cuatro meses. Asegura que hoy no es un trabajo sustentable ya que las latas están muy baratas y no dejan margen de ganancia. “Nosotros antes comprábamos a $500 y la vendíamos a $700 u $800 pesos el kilo a la fundición. Ahora tú la compras a $300 y la estás vendiendo a $350”. Además el espacio que ocupan las latas, por ser tan livianas, es demasiado por tan poco dinero. “Trabajar por $50 pesos no es nada, si uno compra diez sacos te abulta mucho. Un saco grande te pesa seis kilos a lo máximo con la lata bien aplastada”.
El trabajo de compra y venta de latas tampoco es estable, “Este trabajo es relativo, un día pueden llegar treinta kilos y al otro dos”, afirma Sergio. Tampoco lo son quienes la recogen y la llevan a estos locales. “De todo tipo de gente llega a vender la lata, ancianos, hombres, niños, mujeres, todos andan vendiendo eso”.
“Antes llegaban todos los días, pero con esto de la recesión que hay llega poco material”, explica con respecto a la baja que ha tenido la compra y venta de latas. “La mayoría de los locales de compra-venta ya no está comprando la lata”.
Además el bajo costo que está teniendo este material ha provocado que la gente tampoco quiera recogerlas, “ahora poco anda vendiendo la gente eso porque pocos la compran, ya no son muchos que la recogen porque como está barata, no quieren hacerlo”.
Cuenta que en el rubro lo más sustentable es el cobre. También explica que él no vende las latas directamente a fundiciones sino que a terceros que las llevan a estos lugares. “Siempre hay un tercero que las compra y se las lleva a la fundición, yo no lo hago directamente”.
“Antes llegaban todos los días, pero con esto de la recesión que hay llega poco material”, explica con respecto a la baja que ha tenido la compra y venta de latas. “La mayoría de los locales de compra-venta ya no está comprando la lata”.
Además el bajo costo que está teniendo este material ha provocado que la gente tampoco quiera recogerlas, “ahora poco anda vendiendo la gente eso porque pocos la compran, ya no son muchos que la recogen porque como está barata, no quieren hacerlo”.
Cuenta que en el rubro lo más sustentable es el cobre. También explica que él no vende las latas directamente a fundiciones sino que a terceros que las llevan a estos lugares. “Siempre hay un tercero que las compra y se las lleva a la fundición, yo no lo hago directamente”.
Don Ricardo lleva más de 29 años trabajando en este rubro. Afirma que no le conviene mucho comprar latas ya que les ocupan mucho espacio. “Cien kilos de lata es un volumen pero inmenso, cuando la gente las aplasta ahí es menos, pero cuando vienen enteras ocupan mucho espacio”. Además el precio que están pagando por ellas es muy bajo y el margen de ganancia no es suficiente.
“Un día puedes comprar 20 kilos, otro tres, eso es relativo”, dice. Además cuenta que para fechas de fiestas importantes se vende mucho más. No obstante , afirma que el descenso en la cantidad de gente que llega a vender las latas se debe a que la cantidad de locales de compra-venta ha aumentado. “Es la misma cantidad de latas, lo que pasa es que ahora se ve mucho menos porque hay más compra-ventas”.
Cuenta también que todo tipo de gente es la que llega a vender latas, “señoras abuelitas, caballeros, niños, de todo tipo de gente”, pero principalmente gente humilde y de bajos recursos.
“Un día puedes comprar 20 kilos, otro tres, eso es relativo”, dice. Además cuenta que para fechas de fiestas importantes se vende mucho más. No obstante , afirma que el descenso en la cantidad de gente que llega a vender las latas se debe a que la cantidad de locales de compra-venta ha aumentado. “Es la misma cantidad de latas, lo que pasa es que ahora se ve mucho menos porque hay más compra-ventas”.
Cuenta también que todo tipo de gente es la que llega a vender latas, “señoras abuelitas, caballeros, niños, de todo tipo de gente”, pero principalmente gente humilde y de bajos recursos.
Tampoco las vende directamente a las fundiciones, afirma que las vienen a buscar terceros y que son éstos quienes ven que hacer con las latas. “Se las vendo a terceros, ese tercero se la puede vender a otro y después a la fundición, o puede ser que las funda o las exporte. La lata puede pasar por tres o cuatro manos antes de ser reciclada”.
Tal como explican quienes trabajan en el negocio de las latas, éstas cada vez van perdiendo más su valor. Ya muy pocos quieren trabajar comprando y vendiendo latas, sea por que es muy barata o porque utiliza mucho espacio. Además es un trabajo inestable y relativo, al igual que quienes las recogen y las llevan a estos lugares.
Pero aquí no termina el proceso, quizás esta no sea verdaderamente la penúltima etapa. Lo cierto el que en la fundición comienza el proceso de reciclaje y junto con ello una nueva vida, una nueva lata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario