
BUS, CÁMARA, ACCIÓN
Para un busólogo tomar la micro no es tan sólo parte de su rutina. Es sumergirse dentro de una cultura que él conoce al pie de la letra, o bien, al corte del boleto.
Prisma
La vida del busólogo bien puede estar rodeada de fierros. Es que el hecho de
subirse a una micro va mucho más allá del mero viaje de un lado a otro de la ciudad. Y, si bien son millones de usuarios los que realizan estos trayectos a diario, son este grupo de personas las que ven un cúmulo de detalles que van articulando una cultura que se mueve sobre ruedas en una ciudad que no se detiene.
Busólogo es aquel que conoce y gusta de los buses, las carrocerías, las partes y piezas, las marcas. También tiene un conocimiento acabado de sistemas de transportes urbanos e interurbanos, recorridos, empresas, hasta incluso chóferes y máquinas específicas. No es extraño que alguno te ayude cómo llegar a un remoto lugar de la ciudad, o te hable del “Pura Pinta”, el “Andresito”, o la trilogía de “Margarita”; que como los botes que se sumergen en el mar, son bautizados algunos buses para batallar en la selva de cemento. Obviamente teniendo a Dios como su copiloto.
Los busólogos en su conjunto han realizado una enorme labor de rescate del patrimonio cultural urbano en donde se ven involucrados. Hace muchos años ya que existen los coleccionistas de boletos, incluso pueden venderte unidades de antaño en el persa Bíobío. Además, la tecnología al alcance de la mano ha permitido que en los últimos cinco años haya una explosiva proliferación de registros fotográficos digitales que lograron por ejemplo, rescatar los últimos años de vida de las micros amarillas antes de que empezara el vilipendiado Transantiago.
Además, este hobbie tiene su línea nostálgica. A más de alguno se le caerá el carnet cuando vea la foto de su Pila Recoleta o de
Sin que exista algún registro de que antes existiera esta actividad formalmente, en Chile esta afición salió tímidamente a la luz pública junto con la masificación del Internet. Inspiradas en los grupos brasileños, en donde se encuentran las grandes empresas de carrocerías, las primeras agrupaciones de busólogos que vagaban solos con su hobbie, datan recién del año 2003 cuando se creó Chilebuses. Luego vendrían otras agrupaciones, como Buses Urbanos Chile en 2004 y Viajero Buses dos años más tarde, todas con páginas en Internet y comunidades de usuarios respectivas. Incluso, en los tiempos de inicio del Transantiago varios busólogos salieron a las calles a realizar labores voluntarias de monitores de información hacia los usuarios. Muchos coincidieron en sus predicciones, que la puesta en marcha del plan del gobierno estaría copada de dificultades y sería un caos.
Busólogos al acecho
Juan López (25 años, publicista), busólogo y administrador de Buses Urbanos Chile (http://www.busesurbanoschile.cl/) cuenta que busólogo se nace. “Desde que tengo memoria me llamaron la atención los buses, las micros principalmente”. Juan hoy administra la página de la agrupación que hoy reúne a más de 2.400 usuarios y que tiene ya 5.800 imágenes de todo tipo relativas a la busología.
Juan reconoce que uno de los momentos más fuertes que se vivieron en el gremio busólogo fue la transición entre el sistema amarillo y el Transantiago: “Sabía que tenía que documentar a las amarillas como nunca se hizo antes con las liebres de colores de los antes de la licitación del 92 (…). Me dejó una mezcla de pena y rabia por toda la gente maravillosa que conocí en torno a la cultura micrera, desde la tía de El Montijo que nos preparaba los churrascos, hasta los empresarios y conductores que nos dejaban fotografiar sus buses orgullosos que ahora perdieron su pega o se tuvieron que adaptar a un sistema menos humano lleno de sin sabores. Antes tenía hasta un dejo de romanticismo trabajar en las micros”.
También agregó que fue un momento crucial donde hubo un flujo inaudito de busólogos, que incluso terminó potenciando la actividad en regiones. Mucha gente se desmotivó con las restricciones que el Transantiago dejó por el retiro de muchos buses antiguos y las prohibiciones de personalización que rigen en la mayoría de las empresas operadoras.
Sebastián Campos, busólogo de 15 años de edad, se enorgullece de una afición que se destaca por ser auténtica: “Al ser inusual te hace sentir diferente al resto, donde sacarle fotos a los buses te llena muchos vacíos, y al conocer a conductores, conoces la otra cara de los denominados pesados chóferes”. Valora que el hobbie es sano, “y que el chofer te encienda una luz o toque la bocina, te hace sentir bien, y te insta a seguir en el la actividad”, considerando este gesto de los chóferes, como un saludo de cortesía.
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